domingo, 1 de enero de 2012

LA FERIA DEL MUNDO

18. Fiestas de invierno                                                                          
24 diciembre 2011

Queridas y queridos amigas y amigos: la verdad es que para algunos enviar una felicitación por estas fiestas resulta un problema; y si me apuráis, un montón de problemas. Veamos, porque todo empieza por el imperativo de ser políticamente correctos a la hora de nombrarlas. En mi niñez, en mis predios rurales se les llamaba la Pascua o las Pascuas, siguiendo la tradición cristiana recogida en numerosas expresiones de la voz popular y en mil fiestas, canciones y dramatizaciones. Pero los más modernos las llamaban la Natividad o, en su defecto Navidad; e incluso estos tomaron la costumbre de felicitar con unas tarjetas empalagosas, cuya fealdad comenzaba ya por el nombre, chrismas, y continuaba con su contenido repleto de portales de belén inverosímiles, abetos espantosos con luces y pelotillas o paisajes gélidos preñados de ciervos y de renos, y todo ello sembrado de marcos, cenefas y espolvoreos de purpurinas plateadas o doradas, cuya superficie rugosa a algunos nos producía ereza y repelús, si así se puede decir. Y luego ya vino el acabose de la proliferación del rojo papá noël que adornaba imágenes con gorros y chaquetillas horribles y calzones de marca mayor, y los blancos de una parafernalia de barbas de quita y pon, todo traído y llevado por exóticos trineos tirados por renos impolutos y brillantes.
   Pero las cosas no quedaron en estos pequeños cambios sujetos a las modas y caprichos. Ahora es imprescindible tener en cuenta las ideas, creencias, sentimientos y manías de nuestros corresponsales para no herir sus sensibilidad y, lo que es peor, no incurrir en falta e incluso en responsabilidad penal. Si estos están afectados por un sarpullido laicista o pertenecen a la categoría de los bobos ilustrados, habrá que evitar los nombres tradicionales del evento –llamémosle sólo fiesta, fiestas o vacaciones de invierno o de fin de año- y habremos de privarnos de imágenes relacionadas con nacimientos, huidas a Egipto y reyes magos de oriente; abstención que alcanza el rango de prohibición que se impondrá usted mismo, en aras del sagrado principio de la multiculturalidad bien entendida, por si alguno de sus amigos es, de nación o por conversión sobrevenida, judío, musulmán, bajai, budista, sintoista o de cualquier otro credo conocido o exótico. Esto téngalo usted muy en cuenta porque, además de las reprimendas privadas, podría usted ser reo de la ley de igualdad, de la de libertad religiosa (en trámite), de la de economía sostenible y de las normas de la comisión antiviolencia en el deporte.
   Por eso, en sus felicitaciones ilustradas –enviadas, naturalmente por correo electrónico, redes sociales, iPad, iPod o cualquier otro medio telemático, que es lo que se lleva ahora-, no le quedaría más remedio que recurrir a imágenes de animales, siempre que no sean la mula y el buey; aunque si me apuran, tampoco a las de ningún otro porque, además de los laicistas e hinduístas, tendría enfrente a las sociedades protectoras de animales, a los vegetarianos, a Juan Ramón Jiménez, a la asociación para la recuperación del burro de Rute, a las agrupaciones antitaurinas y a la Generalitat de Catalunya (sic).
   Pero no lo va a tener mejor si recurre a naturalezas muertas, bodegones, paisajes naturales, bosques y arboledas porque tendrá problemas con los conservacionistas y los defensores de la Zonas de Especial Protección de las Aves (ZEPAs), del hábitat de la tortuga mora y del nido de chichipán, y también con los amigos del olea sylvestris y del pistacia lentiscus, sin ir más lejos.
   Pues bien, yo, estando al borde del abandono de mis buenas costumbres navideñas, o como las queráis llamar, por los riesgos que entrañan, he creído solventar todos estos inconvenientes y dudas, recurriendo a un motivo de consenso que nos viene dado –o, para ser más precisos, impuesto- por campañas publicitarias, medios de comunicación, madres, abuelas, maridos, mujeres y demás familia, por lo que es generalmente padecido y aceptado, aparentando siempre buena cara. Me refiero a estas imágenes de perfumes que os envío en archivo adjunto –Loewe for men para vosotros y Jadore para vosotras- y que espero os gusten.
   Así que, amigos, sed felices en estas fiestas –o lo que sean- y no toméis mi tarjeta digital como una premonición inexorable. Y si fuera así, mis excusas, porque bien sabéis que no lo hago con ánimo de ofender, sino todo lo contrario.