viernes, 9 de agosto de 2013

ACADEMIA DE LA LENGUA

45. Nostalgia del plongeón                                                                

El lenguaje, esencia de la naturaleza humana, es tan pasajero como nuestra vida mortal. Sin embargo, como ocurre con todo lo nuestro, cuando las palabras, frágiles y efímeras, desaparecen, dejan un rastro en la memoria de los que las usamos como si quedaran guardadas en delicados frascos de alcohol. Y su recuerdo nos trae imágenes nítidas de la vida que fue y ya no es. Como la memoria guarda sólo el recuerdo del pasado, sobre todo el más remoto, muchas de esas imágenes evocadoras de las palabras ya idas pertenecen al mundo de la infancia o la juventud, siempre tamizadas por el aura legendaria, seguramente poco cierta, de que pertenecieron a un tiempo mejor, como certificaba Jorge Manrique.
   La desaparición del legendario portero Ramallets, el gato de Maracaná, nos trae a la memoria una palabra extraña y difícil que nunca logramos pronunciar como era debido; pero que encerraba todo un mundo de sueños al que muchos aspirábamos, la mayoría sin mérito alguno. Oíamos por entonces la palabra plongeón y veíamos al gato de Maracaná volar en una estirada inverosimil, precipitarse en una imposible zambullida, tal como la habíamos visto en alguna foto amarillenta y borrosa de un periódico y habíamos revivido mil veces al oírla en la voz lejana y solemne de las crónicas radiofónicas.
   Y nosotros tratábamos de imitar aquellos plongeones estratosféricos en el solar de tierra, empedrado de guijos, del colegio o del instituto, colocados en una portería casi inverosímil montada con dos pedruscos y alguna cartera escolar, aunque fuéramos algo torpes o adornados de una buena capa de grasa, que eran condiciones exigidas para el puesto de portero en los equipos escolares. El portero mismo calificaba sus nimias hazañas voladoras como plongeones espectaculares, sus compañeros se las celebraban y su fama perduraba durante días y meses en nuestro pequeño mundo.
   Hoy la palabra plongeón duerme el sueño del olvido, como les ocurre a off-side –conocido castizamente como orsay-, referee o réferi y otros muchos términos primitivos del balompié, también llamado fútbol. Yo que fui portero y aspiré inútilmente a ser inmortalizado por mis estiradas y plongeones, recuerdo con nostalgia aquella palabra y aquellas supuestas hazañas que con ella se fueron para no volver.