jueves, 2 de mayo de 2013


LA FERIA DEL MUNDO

43. Dimes y diretes (I): Poner palos en las ruedas                             

Si usted observa detenidamente el cuadro Proverbios flamencos, de Brueghel el Viejo, verá que retrata un escenario abigarrado y variopinto en que cada loco anda con su tema, dedicado a lo que parece ser su ocupación favorita, ya sea mear en la luna, tragar fuego y cagar chispas o roer siempre el mismo hueso. Y una de las tareas más llamativas es la del que pone palos en las ruedas; o mejor, en una rueda suelta que no rueda ni parece ir a ningún sitio.
    No sabemos el porqué de esta dedicación tan inexplicable, ni nos importa mucho. Lo que verdaderamente nos interesa es que en el congreso de los diputados, asambleas autonómicas, plenos municipales y cualquier otra reunión de tipo político, unos acusan a los otros, y los otros a los unos, de ocuparse, no de los tareas legislativas o de gobierno ni de los intereses de los ciudadanos, sino de poner palos en las ruedas de los demás. Y no deja de parecernos raro que próceres de tanta significación y autoridad dediquen buena parte de su tiempo a tan antigua y peregrina ocupación, que además de anacrónica, no tiene mucho de ejemplar.
   Uno se pregunta por qué hacen esto, qué pretenden con ello, cuánto de su jornada laboral o de su tiempo libre dedican a tan extraña labor. Y tampoco sabemos de qué ruedas se trata, habida cuenta de que los medios de locomoción actuales, salvo motos y bicicletas, no llevan radios en las ruedas, e incluso algunos, como los carros, ya apenas existen.
   Pensamos entonces si nuestros representantes, muchos de los cuales no pueden presumir precisamente de ilustrados, es que no han olvidado el primitivo oficio de gañanes y mozos de labranza, de manera que, aunque ya no disponen de carro, añoran sus antiguas andanzas por caminos y aradas, y de ahí su afán por recuperar expresiones tan primitivas para acusar a otros de obstaculizar sus tareas, viendo el palo en la rueda propia y no la viga que ellos ponen en las ajenas. Y nosotros, entre tanto, atascados en medio del camino.