martes, 1 de octubre de 2013

LA FERIA DEL MUNDO

47. Dimes y diretes (IV): Atar los perros con loganiza                       


Para confirmar que hay gente para todo, baste con recordar que un famoso carnicero de Salamanca se dedicaba, además de su ocupación principal, a atar sus perros con longaniza, con lo cual seguro que pretendía matar dos pájaros de un tiro; o por mejor decir, atar dos perros por el mismo precio: tener al can sujeto y al mismo tiempo mostrar y encarecer las virtudes de su mercancía. Aunque muchos debieron pensar que era una especie de trampantojo para hacer alarde de una riqueza sobrada que no tenía. La historia, sin embargo, no va más allá: no dice nada de esto y se reserva, además, su dictamen acerca de lo que hacían los perros ante el olor y el tacto de tan sabroso dogal.
   Lo cierto es que desde entonces mucha gente, sobre todo a los ojos de los demás, se dedica a atar los perros con longaniza haciendo alarde de un rumbo y una ostentación llamativos y provocadores que los otros consideran tan aparentes como la longaniza en el cuello del perro.
   En tiempos modernos, la dicha ocupación adquiere mil formas, todas ellas derivadas de aquella primera de la longaniza y el perro: colgantes y abalorios aparatosos en el cuello de la señora, vestidos y joyas relumbrantes, pisos y chaletes de ringorrango financiados con una hipoteca a cincuenta años, banquetes y festorrios de todo tipo, viajes a la la Patagonia y a Katmandú, hijos peregrinando por universidades privadas y escuelas de inglés de cualquier parte del mundo, mientras los conocidos, amigos y algunos familiares, llevados por el análisis riguroso o la pura envidia, abominan de ese atar los perros con longaniza; ocupación, según ellos, vana y efímera, como los malpensados suponemos que era la del rumboso charcutero de Salamanca.
   Así que cuando se asomen a los predios y mansiones de alto estanding, comprueben lo primero si allí atan los perros con longaniza o con cualquier otro embutido ibérico, porque tal detalle les dará cumplida cuenta de la condición y ocupaciones de su dueño. Y luego obren en consecuencia.