martes, 4 de marzo de 2014

ACADEMIA DE LA LENGUA

52. Puñema, puñeta                                                                             

Los dimes y diretes de los muchos sabios que sobre puñetas escriben, aunque diversos, coinciden en considerarlo vocablo derivado de puño, referido a los encajes o vuelillos que adornan las bocamangas de vestimentas ceremoniales como las togas de jueces y magistrados. Por extensión, la expresión mandar a hacer puñetas sería desear quitarse de encima a alguien molesto como si estuviera dedicado a la labor entretenida de bordar esos adornos. Pero no explican por qué esta expresión y también la interjección puñeta, así como puñetero, aplicado a quien hace la puñeta, se consideran poco delicadas e incluso groseras. Pues bien, los habladores silvestres murcianos con su puñema, variante eufemística de puñeta, dejaron claro que se trataba de encubrir su significado soez, al menos entonces, porque puñeta y hacer puñetas era aquí, y en Lisboa, y en Guayaquil, imagen bien expresiva, que no merece más explicación, de masturbarse. Así que el desaparecido puñema, con el que nuestros abuelos expresaban su asombro o irritación, no era más que otra muestra de nuestra consabida delicadeza expresiva. Y quien diga lo contrario, que se vaya a hacer puñetas. O puñemas, que es lo mismo.