miércoles, 29 de julio de 2015

LA FERIA DEL MUNDO

60. Patada a seguir                                                                                


A los que nunca hemos tenido ninguna seguridad sobre la competencia y el acierto en nuestra ocupación profesional no deja de sorprendernos el polifacetismo y la versatilidad de la casta política aldeana que ocupa los sillones, especialmente en los segundos escalones, de los ayuntamientos y administraciones autonómicas, como si sus miembros se desplazaran por una especie de tubos neumáticos que, uniendo los departamentos de unas y otras administraciones, les permitieran viajar como peces en el agua a la búsqueda de concejalías de esto y aquello y de lo de más allá, direcciones y secretarías de una materia y de su contraria, para desembarcar en uno o en otro destino, sin ninguna duda ni rubor, impasible el ademán, con adhesión inquebrantable a quienes los nombran y con total voluntad de servicio a los ciudadanos. Todo esto, ay, me suena.
   Y los que son descabalgados del escalafón municipal reciben una patada para arriba que los eleva a la cima autonómica, sin otra explicación que la que nos damos los ciudadanos a nosotros mismos y seguro que se dan reservadamente los administradores del cotarro: la casta, el clan, la tribu, nunca abandona a sus adeptos en la terrible tragedia de la pérdida del cargo que les haría rebajarse a la vida y al trabajo ordinarios, sin prebendas, ni parabienes, ni exhibiciones mediáticas.
   Tras unas elecciones, el reajuste de las nuevas administraciones es la feria donde se cumplen compromisos, se adquieren cargos, se otorgan sinecuras y, sobre todo, se socorre a los damnificados en las primeras escaramuzas del reparto, de manera que cualquier vacante es, como el balón de una patada a seguir, perseguida por la jauría de los pretendientes necesitados y sus padrinos en encarnizada competencia unos con los otros.
   Así que con el paso del tiempo el currículo de alguno pasará por las secretarías o las direcciones generales de Carreteras, de Política Social, Mujer e Inmigración, del Instituto Murciano de Acción Social o de la Delegación del Gobierno, por no decir más; y alguna se acostará siendo alcaldesa de aldea, dormirá soñando con ser la regidora de la capital y despertará en el sillón de una consejería.
   A todo esto, a los ciudadanos, ya escarmentados y prevenidos, no nos extrañaría ver pasado mañana a alguno de ellos de Concejal del Ciclo de la Vida, Feminismo, Lesbianas, Gays, Transversales, Bisexuales e Intersexuales; o en su defecto, de Consejero de Juventud y Protección Animal. Lo que ellos no saben es que nosotros estamos deseandico que se cree una Concejalía o una Consejería de Protección del Género Humano. Que bien que la necesitamos, aunque solo sea para defendernos de todos estos.