viernes, 8 de enero de 2016

MIS LABORES (XIII)

Darse con una piedra en las espinillas                                               

Holgados amigos: Cuando tengan algún rato de asueto, que no me cabe duda de que serán todos, dada nuestra condición de desocupados a tiempo completo, les propongo que recuerden los doce trabajos de Hércules, paradigma del riesgo y del esfuerzo, desde matar leones a capturar al cancerbero de los infiernos, pasando por limpiar establos o robar manzanas. Aunque líbreme Dios –o, en este caso, los dioses- de ensalzar a este personaje escandalosa y tontamente trabajador, a este estajanov de la clasicidad, como modelo de nuestra vida desocupada, sino todo lo contrario, porque nada más pensarlo me canso y me atosigo. Pero como culminación de este ciclo dedicado a la descripción y elogio de nuestras desocupaciones, que nos ocupan el seso y los sentidos, quisiera ponderar su magnitud y nuestra impagable dedicación a ellas identificándolas con los afanes de Hércules, aunque sólo sea para resaltar que somos los antípodas del hercúleo personaje.
   Y nada mejor para acabar con la exposición de nuestros “trabajos” que la glosa del viejo dicho de “darse con una piedra en las espinillas, que, aunque nominalmente alude a una ocupación, y ciertamente penosa, hay que entender que ningún desocupado con dos dedos de frente se dedicaría a ella, tanto por su carácter ocupacional como por los resultados lesivos para su ejecutor y al mismo tiempo víctima. Y es que, más que entenderla al pie de la letra, de esta expresión hay que extraer la impagable intención pedagógica que guía al que la dice. El mandato de golpearse con una piedra donde más duele tiene, aunque no lo parezca, la intención irónica de desautorizar al que se mete en todo, al que asume ocupaciones indebidas, al que no para en su trajín molesto y entorpecedor, al Hércules que no deja de hacer cosas vengan o no a cuento, por lo que se le recomienda que sustituya todos sus trabajos por el más inútil de todos, con lo que subliminalmente se le está conminando a que se esté quieto, a que no haga nada, a que se dedique a la inactividad y al ocio.
   Por eso, nosotros, enemigos tanto de los trabajos hercúleos como de la más mínima de las ocupaciones, preferimos incluso darnos con una piedra en las espinillas para ostentar nuestra dejación de todo trabajo u ocupación útil, por incompatible con nuestra condición de desocupados irredentos que preferirían las pedradas en tan doloroso sitio antes que dedicarse a hacer algo. Y ahí nos las den todas, que nosotros estaremos aquí, bien descansados, a verlas venir, entregados a nuestro amplio repertorio de disciplinas del no hacer nada, mientras los otros se ocupan de lo demás, incluso de darse golpes en las espinillas si lo prefieren.