lunes, 1 de febrero de 2016

LA FERIA DEL MUNDO.

Dimes y diretes (VII): Con altura de miras                                           

Cuando en las campañas electorales oigo a un político prometer que, si le damos nuestra confianza, gobernará nuestros asuntos con altura de miras, confieso que me echo a temblar mientras huyo despavorido a refugiarme en el diccionario, donde intento buscarle explicación a frase tan enigmática e inquietante. Pero pronto averiguo que tal expresión no está registrada allí, y solo encuentro alteza de miras. Y entonces me pongo a pensar si altura y alteza son la misma cosa, para caer pronto en la cuenta de que no, ya que altura es la distancia de un cuerpo respecto a la tierra, mientras que alteza suele referirse a elevación moral. Por eso, llego a la conclusión de que, para ellos, al menos hasta ahora, altura de miras es mirar desde arriba, desde el aire, posición que adoptaba Valle-Inclán para retratar a los seres humanos empequeñecidos y deformes en sus esperpentos; o quizá su altura de miras estaría más allá, en los  mismísimos cuernos de la luna, donde el filósofo Averroes situaba el entendimiento agente –precedente seguro de los actuales gobernantes; aunque más agente que entendimiento-, desde donde los ciudadanos serían tan invisibles, que es como si no existieran.
   Con estas diferencias, malpensado de mí, me da por suponer que si nuestros gobernantes, próceres y mandamases no nos hacían caso hasta ahora es porque desde la enorme distancia y la altura de sus despachos, oficinas y palacios no nos veían –o, mejor, no querían vernos.
   Finalmente, me pregunto si esta altura de miras de la que hablan ahora, será la alteza que supone una elevación moral de intenciones o propósitos, aupada por la comprensión, la generosidad, la justicia y la honradez; o más bien se tratará de aquella misma altura de miras desde donde han venido ignorando nuestra existencia. Y entonces concluyo que, además de poca claridad léxico-semántica, lo que les pasa es que, temerosos de la derrota, confunden interesadamente la alteza con la altura, para confundirnos una vez más a nosotros y que les votemos, mientras volvemos a verlos ascender a un lejano más allá, dispuestos a seguir mirándonos desde su altura (de miras).