jueves, 18 de febrero de 2016

LA FERIA DEL MUNDO.

Dimes y diretes (IX): Hacérselo mirar                                                  

Goethe decía que mirar es más interesante que pensar o que saber, lo que subraya la importancia de la observación y el análisis para el conocimiento. Pero los tontos actuales, que son multitud, no se inclinan por ser ellos agentes ni pacientes de tal acción, sino que es a los demás a los que recomiendan y prescriben que deben “hacérselo mirar”. Y esto lo dicen de unos y de otros, de arriba y de abajo, de amigos y enemigos, siempre que no sean ellos, de manera que todo el mundo, en su opinión, con cualquier motivo, sea por pecado de opinión o de acción, debería ocuparse de “hacérselo mirar”.
   Hasta aquí todo bien, porque conviene dedicarse a examinar lo que no funciona adecuadamente para recomponerlo; pero el misterio de esta ocupación consiste en saber  qué es lo que nos deben mirar, dando por entendido que ha de tratarse de alguna cosa nuestra, de algo conocido por el que prescribe y por el afectado, y que el neutro lo englobaría cualquier parte del cuerpo o propiedad del paciente. Así que nos imaginamos al que le dictan tal prescripción entre la perplejidad y el temor, entregado con un continuo frenesí a que le miren todo: casa, bienes y pertenencias; partes, órganos y otras interioridades de su cuerpo; ideas, pensamientos y voluntades,  en un reto imposible por encontrar remedio a su mal.
   Mientras tanto, a los pocos que no nos sentimos aludidos por el mandato categórico de “hacérnoslo mirar”, proferido por ministros, parlamentarios, alcaldes y concejales, enlaces sindicales, camioneros, amas de casa y desempleados, nos da por pensar que son ellos los que deberían examinar su inanidad intelectual, su falta de originalidad mental y expresiva, su inclinación mimética a repetir el flatus vocis de cualquier indocumentado y los clichés popularizados por los del “y tú más” que ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, so pena de ser considerados tontos de marca mayor y miembros de honor de la ilustre archicofradía de los necios. Pero a ver cómo les decimos que deberían “hacérselo mirar” sin caer en la misma culpa que a ellos les aflige.