viernes, 6 de mayo de 2016

LA FERIA DEL MUNDO.

Dimes y diretes (XVI): Por un tubo                                                       

Aunque descendientes de aquellos Adán y Eva a quienes Dios condenó al trabajo, la enfermedad y la muerte, la vida de muchos hasta hace poco tiempo se atenía a un mediano pasar, situados en el justo medio en que uno no es ni rico ni pobre, ni es demasiado afortunado ni pena en exceso, ni se muere por cambiar de estado. Pero, de la noche a la mañana, en los últimos años del pasado siglo, esta aurea mediocritas dio paso a verlo, a vivirlo y a decirlo todo con excesos y demasías. La hipérbole por un tubo daba cuenta de la masa indiferenciada e incontable de todo tipo de materiales, bienes y fortunas; aunque también podía acumular pérdidas y desgracias.
    Lo mucho siempre nos llegaba y se medía por un tubo: podíamos certificar que tal o cual persona era rica por un tubo, que nuestra hija tenía la gracia por un tubo, o que la abuela acumulaba la mala leche también por un tubo. Y así hasta el infinito: por un tubo nos llegaban las fiebres y enfermedades, por un tubo se ponderaban las saberes de cualquier ciencia o profesión y por un tubo comíamos, bebíamos y deponíamos, sin que nadie fuera capaz de explicar el origen de expresión tan tosca y poco precisa.
   Unos decían que provenía de los tubos que suministraban las cervezas y otras bebidas frías al dictador dominicano Leónidas Trujillo desde su casa, situada al borde de un acantilado, hasta la piscina de agua de mar construida al pie de la playa; otros la consideraban como una traslación del invento decimonónico de los tubos neumáticos con los que se pretendía crear un correo rápido y seguro que llevara cartas y paquetes a los ocupantes de un bloque de pisos o de un edificio de oficinas.
   Lo cierto es que todo el mundo hablaba por un tubo de las muchas cosas buenas y malas que acaecían, y nadie quedaba indiferente ante la proliferación y demasía de tales sucesos. Aunque hay que decir, eso sí, que a algunos nos parecía que los que lo decían tenían la falta de ingenio y la poca gracia por un tubo, si es que se me permite decirlo así.