jueves, 2 de junio de 2016

LA FERIA DEL MUNDO.

Dimes y diretes (XX): Hoja de ruta                                                                  

Decía el viejo poeta que no hay camino, sino que se hace camino al andar. Pues bien, en estos tiempos modernos el camino, e incluso el andar, es lo de menos, porque lo que importa es tener una hoja de ruta aunque no vayamos a ninguna parte. Si en otros tiempos el más tonto hacía relojes, ahora cualquiera, dotado de más o menos luces, dedica parte de su tiempo a hacerse hojas de ruta, no para viajar, sino para detallar cualquier actividad, por nimia que sea; documento que resulta especialmente necesario para todos aquellos que se las dan de importantes en la vida social, económica y política.
   Así que los que nos tomamos los dichos al pie de la letra podemos ver a estos diseñadores de hojas de ruta -como si se tratara de antiguos navegantes, exploradores y aventureros- entretenidos las noches y los días en desplegar enormes planos donde con reglas, compases y tiralíneas van trazando una imaginaria hoja de ruta que no tiene otro fin que el situar en ella los múltiples proyectos y promesas con cuya nada encandilarán a propios y a extraños, al tiempo que descalifican a los adversarios por no disponer de una tan creíble como la suya.
   Visto el ejemplo, los que no somos ministros, diputados, alcaldes, concejales o presidentes de consejo de administración, ni siquiera candidatos a serlo, sino trabajadores del metal, jornaleros, limpiadoras, parados y demás ejemplares de la fauna de a pie, nos explicamos el porqué de nuestras vidas anodinas y fracasadas: no disponemos de una hoja de ruta que establezca los tornillos que vamos a apretar hoy, las tierras que vamos a cavar, las casas que limpiaremos o las calles que pasearemos para entretener nuestro nada que hacer.
   Finalmente, nos preguntamos si será imprescindible la hoja de ruta para ir a comprar el periódico, a evacuar al excusado o a beber agua del botijo. Que es mejor tenerlo todo previsto y anotado en la hoja de ruta, para luego contarlo y hacer alarde de ello. Entonces es cuando echamos mano al bolsillo para buscar la nota de las compras en el supermercado, a la que de aquí en adelante llamaremos hoja de ruta. Y así nos quedamos más tranquilos.