jueves, 8 de septiembre de 2016

LA FERIA DEL MUNDO.
Reforma de los dichos (I): Moros en la costa                                            

Los que estuvimos en la guerra de Yugurta, según cuenta Salustio Crispo, tuvimos noticia fidedigna del reino de Mauretania, poblado de los mauretanos, llamados familiarmente mauros. Conocimos sus escaramuzas y alianzas con el Imperio, y luego supimos de su confusión con otros pueblos venidos de Oriente.
   Las leyendas y las crónicas cuentan que, llamados ya moros, con la ayuda del conde don Julián o sin ella, los mauretanos atravesaron el estrecho y, tras las batalla de Guadalete, se pasearon por España a pie o a caballo durante ocho siglos. Ahí los tenéis en Calatañazor, ante las huestes del Cid o en las Navas de Tolosa, dando motivos a los cristianos para la inacabable “guerra contra moros” que conocemos como Reconquista. De ahí seguramente surgió la idea, enemiga de la integración y la multiculturalidad, que, en una y otra parte, proclamaba que “Todos moros o todos cristianos”.
   Pasados los siglos, desarmado Boabdil y cautivo el ejército mahometano, siguieron llegando incursiones de la Mauretania que, detectadas desde torres vigía y almenaras, se convertían en una noticia alarmante resumida en el grito de defensa “¡Hay moros en la costa!”. El aviso permaneció en la memoria popular hasta hoy, destinado ahora a advertir de la presencia de testigos inoportunos o peligrosos para nuestros intereses.
   Sin embargo, la maurofilia, que desde el romancero fue creando la imagen del moro modelo de valentía, lealtad y galanura, unida al moderno concepto de igualdad y no discriminación por razón de raza o de religión y al creciente apostolado por la multiculturalidad han producido el milagro de que, aunque uno crea todo lo contrario, ya no haya moros en la costa. Lo que hay son magrebíes, a los que vemos no sólo en la costa del campo de Cartagena, Mazarrón o Ramonete sino que, venidos en patera a través del estrecho, como lo hicieron los también magrebíes Tarik y Muza, han ocupado además el interior. Así que si ustedes dicen que hay magrebíes en la costa no faltarán ni un punto a la verdad, al tiempo que adecuarán su lenguaje a lo políticamente correcto. Aunque, ¿de qué nos sirve la frase reformada si ya no es un aviso sobre la presencia de fisgones y gente de poco fiar?