lunes, 20 de marzo de 2017

LA FERIA DEL MUNDO.
Reforma de los dichos (XI): A calzón quitado                                    

Decía Juan de Mairena que “no hay vestido sin desnudo”, y añadía que el vestido sirve “para asegurarnos, de la manera más firme, la posibilidad de desnudarnos”. A eso añadiremos que nuestra afición por el desnudo viene a ser un ejercicio de añoranza de aquellos felices tiempos en que Adán y Eva andaban en cueros por el Paraíso; y de todas las ensoñaciones adánicas que cifraban la felicidad en vivir como Dios nos trajo al mundo en una Edad de Oro sin envidias ni pesares.
   Pero deberemos ser recatados y pudendos porque el desnudo lo carga el diablo y luego ya se sabe… Se trata de guardar las formas por respeto a los demás. Porque nada malo hay en que don Quijote se diera dos zapatetas y dos tumbas con el culo al aire en la soledad de Sierra Morena, o en exhibir los pelendengues entre los miembros de la tribu de una playa nudista. Pero otra cosa es hablar o hacer tratos sobre asuntos serios, delante de todos, en pelota picada.
   Cuando oigo que los ejecutivos de unas empresas o los concejales del Ayuntamiento hablaron del asunto a calzón quitado, me temo lo peor, porque me imagino a los tales en cuereticos vivos enhebrando sus dimes y diretes sobre la cuestión; y me dicen que unas obras se están ejecutando a calzón quitado y me veo a los técnicos y obreros dándole al pico y a pala en tan embarazosa desnudez.
   Y entonces me pregunto si por razones de higiene y también de decoro, no sería conveniente llevar, no una gabardina ni un forro polar -como el exhibicionista para desnudarse ante sus víctimas-, pero sí algún capisayo o taparrabos que cubriera mínimamente las vergüenzas. Porque, instalados en esta libérrima condición del vestir, no es de extrañar que la gente hable y coma y gane dinero a pajera abierta –expresión que sugiere más que dice-; y lo que es peor, que ande por la calle, haga gestiones y mandados, reciba a personas y despache sus asuntos, vaya al cine o a un debate a pijo sacao, con el riesgo que eso entraña y el escándalo que produce.
   Dejemos, pues, que este ir a calzón quitao sea solo una aspiración, como lo es el volar para el pájaro encerrado en su jaula, como dijo el maestro Mairena. Pero nada más.