miércoles, 5 de abril de 2017

LA FERIA DEL MUNDO.
Reforma de los dichos (XII): Tonto del culo                                       

“Confundir el culo con las témporas” es un dicho que pone en evidencia una equivocación en grado superlativo, que va más allá de mezclar lo blanco y lo negro, lo alto y lo bajo, lo bueno y lo malo, para llegar hasta la amalgama de la velocidad con el tocino, que es el extremo de la confusión.
   Algo semejante es lo que ocurre con “tonto del culo”, ese insulto arrojadizo que podemos decir de cualquiera, siempre que no sea de nosotros mismos, sin pararnos a pensar en su grado de adecuación a la verdad. Si tuviéramos esto en cuenta, sabríamos que, desde antiguo, médicos y filósofos entendieron que la inteligencia y la capacidad de raciocinio estaban en el cerebro y, por extensión, en la cabeza. Y la sabiduría popular insistió en ello llamando a esta caja del saber y de la memoria caletre, magín o sesera, dando por sabido que hay que calentársela para aprender y pensar. De la carencia de este fruto del cerebro daban noticia expresiones como “tener poca sal en la mollera”, “tener poco seso, “ser un cabeza hueca” o tener pájaros en el dicho magín. Y si queríamos que todo quedara más claro, podíamos decir del que estaba falto de luces que era tonto, tontaina, tontarria, tontucio, tontuesco, atontado o atontolinado, entre otras lindezas.
   La incoherencia se produce cuando añadimos al claro y rotundo calificativo un complemento nominal que resulta absurdo por redundante. De todos es sabido que lo que está por bajo de la cintura, sean anterioridades o posterioridades de nuestra corporal anatomía, carece de la capacidad de raciocinio, por lo que resulta absurdo trasladar a los antípodas, es decir al culo, la ausencia de lo que debe estar en la cabeza, instancia noble de la persona humana.
   Queda así sentado que llamar a alguien tonto del culo es una solemne confusión que podría conllevar como efecto colateral el que consideráramos tonto, y aún más, tonto del culo, a quien tal cosa dijere. Que ya dijo Gracián que los dichos no suelen ser la voz de Dios, es decir, de la sabiduría, sino de la ignorancia y la vulgaridad. Así que cuidado con las frases hechas, que a veces las carga el diablo y pueden dejar al que las dice con el culo al aire, como un  tonto del culo.