jueves, 13 de julio de 2017

LA FERIA DEL MUNDO.
Manual de urbanidad (II): Cúbranse                                                    

Con esto del calentamiento global y demás calamidades climáticas que se nos vienen encima, predican los entendidos y augures que es aconsejable llevar la cabeza bien cubierta. Pero la cosa no queda ahí, porque el manual no escrito de las costumbres del progre, el famosete, el finodo, el friki, el alternativo y, en general, de todos los atacados de la modernidad, dice ahora que llevar sombrero o cualquier otra prenda para el casco crea tendencia y refuerza la propia imagen; como, yendo un poco más lejos, les ocurría a aquellos reaccionarios de antaño que se enorgullecían de llevar sombrero, aunque solo fuera para distinguirse de los rojos y pobres de solemnidad, tocados entonces con boinas y gorras.
Lo que ocurre es que los antiguos se cubrían la cabeza no solo para protegerla de los elementos u ocultar su calvicie, sino con la absurda pretensión de practicar la elegancia social de quitarse lo que en ella se habían puesto. Porque era de obligado cumplimiento para el caballero llevarse la mano al sombrero con el ademán de descubrirse al saludar a una dama o a un igual, y el despojarse de la gorra o de la boina para el humilde en presencia del señor o del señorito. Y nadie discutía entonces que en la casa propia o ajena, en una oficina o un lugar público o en cualquier ceremonia el buen gusto exigiera despojarse de la montera, aunque solo fuera para distinguirse del asno que va y entra a todas partes con las aguaderas puestas.
Pues bien, ahora lo fashion es no descubrirse de la prenda capital ni en misa. Distinguido se ve al deportista que da una rueda de prensa con una gorra deportiva de enorme y abovedada visera, casi siempre puesta al revés; famosos de rango asisten a celebraciones y entregas de premios con el bonete encasquetado; y casi todos entramos en la consulta del médico, a la clase magistral o la conferencia de postín con gorra, boina de diseño o sombrero de paja. Y quien tal no hace corre el riesgo seguro de no estar a tono con las circunstancias y de ser tachado de carca. Que los tiempos cambian y hay que adaptarse a ellos.
LA FERIA DEL MUNDO.
Manual de urbanidad (I): Yo (y los otros)                                            

Si usted considera que la persona debe ser sujeto de derechos pero también de deberes,  si usted cumple de buen grado las obligaciones y normas, si usted respeta a los demás sin esfuerzo, sepa que está en grave riesgo de exclusión social. Y más, si usted sigue anclado en costumbres ancestrales como saludar, no hablar a gritos, respetar las opiniones de los demás, no saltarse colas y escalafones, atender a las indicaciones de funcionarios y empleados de servicios y, sobre todo, reconocer sus errores y dar la razón a los demás, no le quepa duda de que usted es un individuo desorientado y enfermo, un bicho raro equiparable al más estrafalario de los personajes de Kafka.
Así que conviene que se someta a una reforma universal de sus costumbres que le ponga al día del manual de urbanidad de los nuevos tiempos. Tome como modelo a Caín y nunca a Abel, piense que todas las bondades y buenas razones están siempre de su parte y nunca en los demás, dirija usted sus dicterios y atropellos contra esto y aquello, contra unos y otros, e incluso contra la totalidad del género humano, y mátese con quien diga o haga lo contrario.
Si es usted padre, defienda las bondades deportivas de sus vástagos, insultando, apedreando y agrediendo a los árbitros, a los competidores e incluso a sus señoras madres,  y desacredite, denuncie y, si es menester, abofetee a los maestros que tuerzan su tierna voluntad; eche la culpa de sus accidentes de tráfico al firme de la carretera o a la máquina del tren; desautorice, apostrofe y agreda de palabra y de obra al funcionario de la ventanilla, al médico del ambulatorio, al mozo de estación, al conductor del autobús y a todo aquel que en la calle o a cubierto no siga sus dictados o le recrimine su comportamiento; y cuelgue siempre tan saludables ejemplos en las redes sociales. Y así nadie le reprochará nada y será usted bien considerado como modelo de inconformista, indignado y reformador de usos y costumbres. Ah, y en toda ocasión brame contra el gobierno causador de todos los recortes y males del mundo, que eso no cuesta dinero y siempre queda bien.